Después de muchísimo tiempo, he vuelto a leer.
Y no sé si ha sido casualidad o si, a veces, los libros saben perfectamente cuándo tienen que regresar a nuestra vida. He retomado la lectura con Reconciliación, las memorias de Su Majestad el Rey don Juan Carlos I. Un libro que tenía ganas de leer y que, de alguna manera, ha conseguido algo que llevaba demasiado tiempo posponiendo: hacer que vuelva a sentarme con un libro entre las manos simplemente por el placer de leer.
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Pero mi visita a la biblioteca me guardaba otra
pequeña sorpresa.
Después de pasear tranquilamente por sus
pasillos, detenerme ante las estanterías y volver a disfrutar de ese silencio
tan particular que tienen las bibliotecas, llegué al espacio dedicado a los autores
locales de Pozuelo de Alarcón.
Y allí estaban. Mis dos hijitas.
Asomada a la ventana todavía te espero y Escorts, una semana en París, colocadas entre otros libros, esperando a que algún lector las descubra, las abra y decida llevarse durante unos días una parte de mí a casa.
No puedo negar que me hizo ilusión verlas allí.
Una cosa es escribir un libro, corregirlo, publicarlo y tenerlo entre las
manos; y otra muy distinta encontrártelo un día en una biblioteca, colocado en
una estantería como uno más, formando parte de ese inmenso universo de
historias que esperan pacientemente a sus lectores.
Porque para mí mis libros siempre han tenido algo
de hijos. Nacen de una idea, pero también de muchas horas, de emociones, de
dudas, de recuerdos y de pedacitos de una misma que inevitablemente se quedan
entre sus páginas. Por eso, al verlos allí, sentí ese pequeño orgullo que
seguramente solo entendemos quienes hemos visto alguna vez nuestro nombre
impreso en la cubierta de un libro.
Ambos están disponibles para los lectores de las
bibliotecas de Pozuelo de Alarcón, pero también continúan a la venta en Amazon.
Eso sí, uno de ellos ha cambiado con el tiempo. Escorts,
una semana en París, que es el título con el que todavía aparece en la
biblioteca, se publica actualmente con un nuevo título: El diario de una
escort. Sexo, lujo y amor.
La historia sigue siendo parte de mi camino como
escritora; simplemente ha cambiado el nombre con el que hoy sale al encuentro
de nuevos lectores.
Así que mi regreso a la lectura terminó
convirtiéndose, sin buscarlo, en algo más.
Entré en la biblioteca como lectora y, paseando
entre sus estanterías, acabé encontrándome también con la escritora que soy.
Y quizá eso sea lo más hermoso de los libros: unas
veces vamos nosotros a buscarlos y otras son ellos los que, silenciosamente,
nos encuentran a nosotros.
Stella Bayma 25/09/2026 12:40


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