Madrid, a 11 de agosto de 2026
Queridos amigos. Me asomo por la pantalla en modo
de letras para comunicaros que me cojo vacaciones. Estaré descansando
—merecidamente— del 12 al 25 de agosto.
Los que me conocéis sabéis que el año pasado fue
fatídico para mí. Bueno, realmente desde diciembre de 2024 que fue cuando me dio
el ataque de ciática. Han sido momentos que, aunque quiero olvidar, me han
dejado huella de por vida.
Pero no estoy aquí para recordar lo malo, sino
para proyectar un futuro mejor. Pero para eso necesito desconectar, descansar y
olvidarme del mundo, menos de esa mirada que me da la vida.
El 7 de septiembre me conectaré de nuevo para comunicaros
una noticia que estoy segura de que os va a gustar, ya que he trabajado con
mucho mimo y cariño.
También aprovecho para contestar a esos lectores
que, aunque anónimos, me escriben preguntándome por qué ya no escribo poemas. Y
la respuesta es muy sencilla:
—Los poemas son jirones que salen de mi alma; ninguno
está escrito sin sentimientos y por eso, ahora, no puedo escribirlos. Tengo que
estar de nuevo ilusionada y no lo estoy. Si algún día vuelvo a estarlo, en mi
literatura lo notaréis.
Hasta entonces os dejo esta reseña que he recibido de Cartas de mí, para ti. De niña a mujer. Y aunque no es muy extensa, como tampoco lo son las cartas, tiene la esencia necesaria para publicarla aquí en mi blog, vuestra casa.
Nos vemos a mi regreso el próximo 7 de septiembre.
Ser malos, ser felices, pero no me seáis infieles.
Stella Bayma, 11 de agosto de 2026
Ponerse en sus zapatos antes de juzgarla
Este no es un libro que se limite a contar una vida; también te obliga a mirar la tuya. A través de sus cartas, María recorre su infancia, las heridas familiares, el amor, el deseo, la pérdida, la soledad y esa necesidad de escribir que termina convirtiéndose en su refugio.
Hay páginas especialmente duras, como «Cuando me
arrebataron la sonrisa» y «Mi hijo. Hola y adiós», y otras más íntimas y
provocadoras, pero todas conservan una voz directa y muy humana.
Lo que más me ha gustado es que la protagonista
no intenta mostrarse perfecta. Se presenta contradictoria, valiente, frágil y
auténtica; por eso resulta posible comprenderla, aunque no siempre compartamos
sus decisiones. «Esa mirada» me ha parecido una de las cartas más bellas del
libro: una declaración contenida sobre aquello que despierta la inspiración y
devuelve a una mujer la sensación de estar viva.
Un libro valiente y sincero que deja una
reflexión necesaria: antes de juzgar a alguien, deberíamos atrevernos a caminar
con sus zapatos.
Claudia Serrano


